Más «De Palmiano» que nunca, Christopher McQuarrie, aliado creativo del Tom Cruise mamporrero, firma aquí la más enérgica, desacomplejada e inspirada entrega desde su incursión en la saga. Cruise que trabajó bajo las órdenes de McQuarrie, en la excelente ‘Jack Reacher’, sumó al director a la causa de M:I para emprender un concepto serial de la saga que Brad Bird ya había apuntalado en la redonda 4° entrega ‘Protocolo Fantasma’. McQuarrie recuperó a personajes del pasado, ató al equipo de la 4° parte, sumó a Rebecca Ferguson y planeó una continuidad argumental más acorde a los tiempos actuales, abandonando los bandazos artísticos que había dado la saga en sus primeras entregas, pasando del «hitchcockiano» De Palma al hiperactivo John Woo. Tras ‘Nación Secreta’ y ‘Fallout’, el tándem decidió encarar la recta final de M:I con este díptico, que en su «Parte 1» ya confiesa su final abierto y posterior continuación.

Esta ‘M:I Sentencia Mortal: Parte 1’ es la más larga de la saga, y por ende la que pone en el tablero más personajes, juegos de máscaras, set-pieces imposibles y sprints de Tom Cruise. Es la cúspide Cruisiana por el set-piece físico de efecto práctico y la ausencia de CGI. Y aunque esto último sabemos que es realmente una misión imposible, Cruise nos lo hace creer. Cada golpe, persecución, salto o acrobacia resultan fascinantes. Más allá de la acción descabellada, McQuarrie recupera mucho de De Palma y el cine añejo de espionaje, con trabajados diálogos, roturas cómicas de la acción dramática y un exquisito uso de las localizaciones. Los guiños a la primera entrega también son explícitos, como el de un Ethan que corre desesperado en la noche de Venecia, para salvar a una compañera (clara conexión con Praga), una pelea sobre un tren que va a toda velocidad (recordamos a Jon Voight) y por último el regreso de Kittridge, el dudoso jefe de la IMF al que Cruise le daba esquinazo con un chicle explosivo.
Esta M:I es una gran ópera del cine de acción, que combina todos los ingredientes necesarios para otorgarnos el espectáculo que merecemos presenciar en salas. Sienta, además, unas prometedoras bases para el último baile que llegará el próximo año.